Bullying: una enfermedad que se extiende Imprimir E-mail
Martes, 29 de Abril de 2014 01:00

Lo primero que un padre debe saber, tal como lo indica la Organización Mundial de la Salud, sobre la violencia u hostigamiento entre niños, conocido en inglés como bullying, es que no es cosa de niños, sino un problema grave de salud, especialmente en las escuelas.

Lo primero que un padre debe saber, tal como lo indica la Organización Mundial de la Salud, sobre la violencia u hostigamiento entre niños, conocido en inglés como bullying, es que no es cosa de niños, sino un problema grave de salud, especialmente en las escuelas.

Hablamos de hostigamiento cuando un chico le hace y/o dice cosas a otro que lo hacen sentir incómodo. Se refiere a cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. El hostigamiento puede manifestarse de distintas formas por medio de daño físico, verbal o psicológico.

Físicamente: golpear, patear, propiciar una golpiza, empujar, escupir, orinar, dañar propiedad o robar.

Verbalmente: burlarse, poner sobrenombres, humillación verbal, intimidación verbal, amenazar, coartar, extorsionar, entre otras.

Socialmente: chismes, la propagación de rumores, situaciones vergonzosas, aislamiento o hacer que otra persona asuma una culpa ajena.

Virtualmente o Cyberbullying: hostigamiento a través del correo electrónico o mensajes de texto, redes sociales.

El bullying tiene efectos psicológicos en aquellos niños que han sido víctimas. Los comportamientos agresivos hacia un niño pueden dejarle cicatrices emocionales profundas que duran toda la vida, puede afectar la autovaloración y sus futuras relaciones. Y, en casos extremos, pueden padecer depresión, ansiedad, y en algunas situaciones extremas, incluso pueden estar más propensos al suicidio. Las acciones culminan en amenazas violentas, daño a la propiedad o en heridas graves en una persona.

¿Por qué los niños se convierten en agresores?

Los niños muestran comportamientos agresivos por varias razones. En ocasiones, se meten con alguien porque necesitan una víctima -alguien que parece más débil emocional o físicamente, que tiene un aspecto distinto o que actúa de manera diferente-, o para sentirse más importantes, populares y a cargo del control. Las razones pueden ser porque son más populares al hacerlo, para demostrar su fuerza o su poder. También porque ellos son o fueron hostigados, para obtener cosas o atención de los otros.

En cualquier caso implica una debilidad interna que quieren ocultarse a si mismos. Para sentirse seguros o porque no tienen confianza en los vínculos, hacen sentir mal a otros.

Los síntomas

Salvo que su hijo le cuente que es víctima de agresiones -o que tenga lastimaduras o heridas visibles-, puede ser difícil darse cuenta de lo que está sucediendo.

Es frecuente que los niños no cuenten que han sido intimidados, de ahí, la necesidad y urgencia de que los padres y los maestros aprendan a reconocer los signos que dan cuenta que un niño puede estar siendo ser víctima de hostigamiento.

Hay algunas conductas tales como frecuente pérdida de objetos personales, quejas de dolores de cabeza o de estómago que requieren atención. Los chicos en esta situación evitan el recreo o las actividades escolares, llegan a la escuela muy tarde o muy temprano, tienen miedo de ir, bajan sus calificaciones.

Cuando su hijo se comporta de forma diferente o parece angustiado, cuando observa que no come ni duerme bien, que no realiza aquellas actividades de las que suele disfrutar, sepa que estas son señales de alarma. Es posible que su hijo sea víctima de algún niño que lo está agrediendo.

Si usted sospecha que su hijo está siendo agredido pero e´l se muestra reacio a confesarlo, trate de encontrar la forma de sacar el tema de manera indirecta.

Tal vez, usted quiera hablar acerca de alguna experiencia propia o de la que vivió algún integrante de su familia a esa edad. Hable con el maestro del niño para encontrar maneras de observar sus interacciones con los compañeros.

Hágale saber a su hijo que si alguien lo está agrediendo -o si ve que eso le ocurre a otro niño-, es importante que lo hable con alguna persona, ya sea con usted o con otro adulto, preferentemente un maestro. Con un consejero escolar, un amigo de la familia o con un hermano mayor.

Muchas veces es necesaria la consulta a un terapeuta para ser orientado y ayudar al niño.

¿Cómo ayudar a los niños?

Si su hijo le cuenta acerca de un episodio de agresión, concéntrese en brindarle consuelo y apoyo, más allá de cuán molesto se sienta usted. Los niños suelen mostrarse reacios a contarles estos episodios a los adultos, ya que les generan incomodidad y vergüenza. A ellos les preocupa que sus padres puedan sentirse decepcionados.

En ocasiones, los niños sienten que ellos son culpables, que si hubieran actuado de manera diferente o hubieran tenido otro aspecto, eso no estaría sucediendo. A veces, tienen miedo de que los agresores descubran que ellos hablaron y la situación empeore. En ciertos casos, les preocupa que sus padres no les crean o no hagan nada al respecto, o que los alienten a pelear contra los agresores, una situación que a ellos les da miedo.

Felicite a su hijo por su valentía al hablar de lo que está sucediendo. Recuérdele que no está solo, ya que muchos niños sufren las agresiones de sus compañeros en algún momento. Haga hincapié en que es el agresor el que se comporta mal, no su hijo. Asegúrele que juntos encontrarán la solución para este problema.

En ocasiones, un hermano o un amigo mayores pueden ayudar a afrontar esta situación.

Tome en cuenta el hecho de que las agresiones pueden empeorar si los agresores descubren que su hijo le contó acerca de lo sucedido. En ocasiones, resulta útil hablar con los padres del agresor. En otros casos, es mejor contactar primero a los maestros o los consejeros. Si a pesar de haber hablado con ellos usted sigue teniendo ganas de acercarse a los padres del agresor, es mejor que lo haga en un contexto donde un funcionario de la escuela, como el consejero, pueda actuar de mediador.

En muchos estados existen leyes y políticas referidas a estos comportamientos agresivos. Averigüe cuáles son las leyes que rigen en su comunidad. En algunos casos, si está muy preocupado acerca de la seguridad de su hijo, puede necesitar ponerse en contacto con las autoridades jurídicas.

Por Adriana López  | Para LA NACION

Fuente: La Nación

 

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